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SalvajementeSe vino hacia mí y nos abrazamos. Me besó salvajemente, yo traté de devolverle los besos. --Hostia -dijo-. ¡Creí que nunca te volvería a ver! --He vuelto. --¿Has vuelto para quedarte? --Ésta es mi ciudad. --Échate hacia atrás -me dijo-, déjame que te vea. Me eché hacia atrás, sonriendo. --Estás flaco. Has perdido peso. --Tú tienes buen aspecto -dije yo-. ¿Estás sola? --Sí. --¿No hay nadie? --Nadie. Ya sabes que no aguanto a la gente... ...Ven a mi habitación -dijo. La seguí. El cuarto era muy pequeño, pero era acogedor. Podías mirar por la ventana y ver el tráfico, observar los semáforos cambiando de color. Me gustaba el sitio. Ella se tumbó en la cama. --Vamos, échate conmigo. --Me da un poco de corte. --Te quiero, so idiota -dijo-, hemos follado más de ochocientas veces. ¿Te vas a cortar ahora? Me quité los zapatos y me tumbé. Ella levantó una pierna. --¿Te gustan mis piernas todavía? --Coño, sí. Oye... ...te quiero, nena -dije. --Cabronazo -me dijo ella. Empezamos el meneo. Estuvo de puta madre. Estuvo de putísima madre. 15/08/2005 00:08
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